Jornada Pro Orantibus 2016

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Jornada Pro Orantibus 2016

“Contemplad el rostro de la misericordia”

Domingo, 22 de mayo de 2016

    Solemnidad de la Santísima Trinidad

Queridos diocesanos:

Celebramos este domingo la solemnidad de la Santísima Trinidad y confesamos el misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Lo hacemos, además, dentro del Año de la Misericordia y tenemos un recuerdo muy especial por quienes en la Iglesia han sido llamados a la vida contemplativa. Los monjes y las monjas anuncian a la comunidad cristiana y al mundo entero silenciosa y a la vez elocuentemente el amor misericordioso de Dios.

El ritmo tantas veces acelerado de nuestra vida diaria, llena de ruidos, reclama espacios y tiempos de serenidad y silencio, oración y contemplación. Los monasterios son oasis de misericordia en medio de muchos desiertos humanos. El amor de la Santa Trinidad ha seducido el corazón de los contemplativos hasta la ofrenda sin reservas. El amor de Dios y su infinita misericordia les lleva a una generosa entrega al prójimo en forma de intercesión, oración, caridad, sacrificio, solicitud, donación. La vida contemplativa, combinando oración y trabajo, es físicamente dura, aunque llena de paz. ‘Contemplad el Rostro de la misericordia’ es el lema de la Jornada de este año. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre, como nos dice el papa Francisco (MV 1). Cristo, que siempre está viendo al Padre, nos mira con el amor misericordioso que hay en la Santísima Trinidad. El mirar de Dios es amar ha enseñado san Juan de la Cruz.

Los contemplativos experimentan su propia miseria porque no son superhombres. Pero sobre todo acogen la misericordia de Dios que les ha llamado a entregarse totalmente a Él, sin mérito alguno de su parte. También es la misericordia de Dios la que les sostiene en su lucha diaria camino de la perfección cristiana.

Los monjes y las monjas conocen las miserias de los demás porque viven en comunidad y eso supone disfrutar de las cualidades de los hermanos o hermanas pero también capacidad para sobrellevar sus defectos. El vivir y convivir se realiza desde la experiencia de convivir con Dios. De ahí un respeto, una veneración, una gratitud peculiar al tratar con los hermanos, una capacidad de silencio reverente ante el misterio del otro, una generosidad ante la libertad del otro y admiración por la forma de estar presente Dios en el otro. También ellos, por tanto, acogiendo la misericordia de Dios, han de ser misericordiosos como el Padre con sus mismos hermanos.

Las miserias de la humanidad entera también tienen un eco en el corazón de los contemplativos. Pero no se quedan en la lamentación ni caen en una visión pesimista del mundo de hoy. Unidos a Jesucristo, rostro de la misericordia de Dios, interceden ante el Padre Dios para que extienda sobre todos, cercanos y lejanos, creyentes y no creyentes, su misericordia. Rezan, se sacrifican, escuchan con entrañas compasivas a quienes se acercan a sus monasterios y practican generosamente la limosna.

Por fin, me gustaría destacar una gran obra de misericordia practicada en los monasterios: la hospitalidad. Al huésped, hay que acogerlo, recomendaba San Benito, como al mismo Cristo. Y así lo siguen haciendo los monjes y monjas, no sólo los benedictinos. Son comunidades que acogen a todo el que se acerca a sus monasterios, donde todos encuentran quien los escuche con amor, con atención, con cercanía respetuosa, y les haga presentir la ternura de Dios, el calor del fuego del amor divino y el refrigerio del divino consuelo, traducidos en una verdadera solidaridad que es posible en Cristo.

La novedad de la vida contemplativa cristiana es posible por la plenitud de amor y de sentido aportado al mundo por la revelación de Dios en su Hijo Jesucristo. Existe gracias a la presencia en medio de la Iglesia del Espíritu Santo, que nos ha hecho capaces de entrar en relación filial con el Padre. No tiene nada que ver con el solipsismo de quien se encierra en sí y huye de la realidad. Al contrario, es la expresión de una plenitud de fe y de comunión, de vida cristiana. Por otra parte, el servicio que la vida contemplativa puede prestar hoy al mundo nuestro occidental es el de presentar una alternativa a la locura en la que vive y se desvive nuestra sociedad. Decir a los hermanos que es posible una vida humana plenamente lograda en un marco sencillo, austero, pero que responde a los deseos y anhelos más profundos del hombre; en definitiva, a la trascendencia que todos tenemos como último fondo dentro de nosotros.

Unidos a tantos hermanos y hermanas que viven entregados a la oración en la vida contemplativa, demos gracias a Dios por el don de sus vocaciones, estímulo para que todos vivamos con fidelidad nuestro bautismo y ejercitemos la misericordia. Que la Virgen María, mujer contemplativa, mujer de Evangelio y oración, testigo del amor de Dios y su gran misericordia, acompañe nuestro camino con la luz de la fe, el consuelo de la esperanza y la fortaleza de la caridad.

Recibid mi afecto y mi bendición

+Manuel Sánchez Monge,
Obispo de Santander

EN UN AMBIENTE DE JÚBILO, 19 PRESBÍTEROS CELEBRARON EN EL SEMINARIO DE CORBÁN SUS BODAS DE DIAMANTE, ORO Y PLATA SACERDOTALES

En un ambiente de júbilo, se celebraron en el Seminario Diocesano de Corbán las tradicionales Bodas de Diamante, Oro y Plata sacerdotales, aprovechando la festividad de San Juan de Ávila, Patrono del Clero Español (10 de mayo).

La Eucaristía de acción de gracias estuvo presidida por el obispo de Santander, Mons. Manuel Sánchez Monge, al que acompañó el nuevo obispo de Palencia, Mons. Manuel Herrero Fernández y el también prelado de Macri (Mauritania) y ex-nuncio de Su Santidad, Mons. Pablo Puente Buces, que tras su jubilación regresó ha vivir hace años a Colindres, su pueblo natal.

Además, asistieron numerosos sacerdotes de la Diócesis y Religiosos consagrados, así como otros presbíteros ya jubilados, como los de la residencia Virgen de la Bien Aparecida de Corbán.

Bodas Diamante, Oro y Plata

En el apartado de Diamante (60 años de ordenación), la lista la formaron 8 presbíteros:

Mons. Pablo Puente Buces; Saturnino Bárcena Gaínza; Francisco Javier Cavada de la Riva (escolapio); Lucio García García  (redentorista); Jorge Gibert Tarruell (cisterciense); Manuel Gutiérrez Gómez; Cristóbal Mirones Renedo y Serafín Sedano Gutiérrez.

En el grupo de Oro, fueron un total de 10 los sacerdotes que fueron ordenados en el año 1966: Eusebio Arregui Díaz, Fernando Blázquez Álvarez (Sagrados Corazones), Juan Domingo Celaya Urrutia; Manuel García Ripado (Sagrados Corazones); Tomás González Santiago (dominico); Mariano Hernando Zarza (agustino); Luis López Fernández (Sagrados Corazones); Luis Ojeda Gómez (cisterciense); José Antonio Simón Quintana (escolapio) y Eulogio Belloso (redentorista)

En esta ocasión, en el apartado de Bodas de Plata, figuró el sacerdote diocesano, Alberto Gatón Lasheras, que fue ordenado en 1991 y que en la actualidad se encuentra de capellán en la Base de Rota, en Cádiz.

Juan de Ávila, un referente

En su homilía el obispo D. Manuel Sánchez, abundó sobre la figura de San Juan de Ávila, patrono del clero secular en España y Doctor de la Iglesia. Y es que, este santo andaluz, es un referente en todo tiempo de las prendas que deben de adornar a un sacerdote, y más “en estos tiempos recios”, como definió  Mons. Sánchez al momento presente de la historia.

El obispo invitó a seguir la acción pastoral de S. Juan de Avila que se centró en Cristo, la Iglesia y los pobres, y todo ello alimentado por la oración y el estudio. Esta forma de actuar sigue siendo totalmente válida en los tiempos presentes, remachó el prelado cántabro.

En esta línea, recordó que este Doctor de la Iglesia encontró la fuente de su espiritualidad mediante la configuración con Cristo pastor. Igualmente resaltó su faceta de confesor y de estudioso en formación permanente ,y con sus ojos puestos siempre en la Virgen María.

Mons. Sánchez Monge felicitó a los sacerdotes que cumplieron las bodas de su ordenación, porque “todos nos hablan de fidelidad sacerdotal”. Son -añadió-  “trabajadores pacientes y esforzados de la viña del Señor”, e invitó a los presbíteros presentes a “a configurar su vida con Cristo Buen Pastor” y a mantener su celo apostólico “cada día más fuerte y apasionado”.

Finalmente, Mons. Sánchez Monge pidió a la Virgen de la Bien Aparecida ser la “abogada e intercesora” del clero de la Diócesis.

Tras la Eucaristía, el obispo presentó en el salón de actos del Seminario la exhortación apostólica “Amoris Laetitia” que acaba de presentarse y posteriormente, se celebró una comida fraterna.

GABINETE DE PRENSA
Santander, 11 – MAYO- 2015
www.diocesisdesantander.com
prensa@diocesisdesantander.com

 

NOS VISITÓ…

Damos las gracias a don Alejando Castillo, que fue profesor del seminario mayor, formador del seminario menor y que actualmente ejerce el ministerio sacerdotal como vicario parroquial en la parroquia de San Roque del Sardinero, por acercarse a celebrar la Eucaristía con nosotros y compartir la cena. ¡¡Que el Buen Dios te haga permanecer en su amor y trabajar en favor de su pueblo santo!!

ORAR POR EL SEMINARIO

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El próximo viernes, día 4, tendrá lugar en el Catedral, a las 20:30h, la oración de los jóvenes con el Obispo. En esta ocasión estará preparada por los seminaristas y tendrá carácter vocacional, como parte de la campaña de este … Sigue leyendo