
|
Motivos para una fundación
(Volver) |
Antes de exponer sintéticamente la historia de
nuestro Seminario diocesano de Santander, sería
interesante reseñar la trayectoria intelectual de
tantos jóvenes de nuestra región que sentían
vocación al orden sacerdotal, y que a falta de un
Seminario local recibían los conocimientos
necesarios en lugares dispersos, integrados en
comunidades religiosas o Colegios. Según don Mateo
Escagedo Salmón, aquellos que tenían certificado de
hidalguía conseguían ingresar en los Colegios
Mayores de Alcalá, Salamanca o Valladolid, pero los
demás permanecían en la diócesis estudiando en
diversos lugares, como con los franciscanos de
Santander, Castro o Laredo, también con los
dominicos de Ajo o de Las Caldas; en Montchano, en
Soto Iruz, en la Colegiata de Santillana, en el
Colegio de Villacarriedo, o en la cátedra de
Teología que era impartida en la Catedral.
Con todo, los conocimientos del clero montañés no
eran del todo satisfactorios sin embargo, según
todos los analistas, nunca obstó para un buen
desempeño de su ministerio pastoral, por lo que las
conferencias morales impartidas por todos los
arciprestazgos estaban a la orden del día durante
los siglos XVII y XVIII, incluso con un seguimiento
riguroso y bajo pena de varios reales por falta de
asistencia.
En el s. XIX, al hilo de la sensibilidad creciente
por fundar Seminarios diocesanos manifestada en todo
el país como reacción a la difícil situación
política e ideológica y a los continuos atentados
contra la Iglesia española, además de las evidentes
ventajas para la formación y control de las
vocaciones, no son de extrañar las periódicas y
enérgicas iniciativas que presentaron los sucesivos
Obispos que fueron dirigiendo nuestra diócesis. No
obstante, ya el primero de nuestros Obispos
diocesanos, don Francisco Javier de Arriaza
(1754-1761), se lamentaba de la falta de un
Seminario dentro de la diócesis. El segundo Obispo
de Santander, don Francisco Laso Santos de San Pedro
(1762-1783), quiso establecerlo dentro de la ciudad,
en la antigua Residencia de los Jesuitas, hoy actual
Parroquia de la Anunciación, pero murió sin conocer
la realización de su proyecto. Su sucesor, don
Rafael Menéndez de Luarca (1784-1819), intentó
fundar el Seminario en su palacio de descanso en
Maliaño, hoy actual convento de Carmelitas
descalzas. Posteriormente, y como ejemplo de lo
arraigado de este propósito episcopal, tenemos al
prelado don Juan Gómez Durán (1 820-29), que no
ahorró medios para llevar a cabo su deseo de un
Seminario para Santander, llegando incluso a una
petición al mismo Fernando VII. El último de los
primeros cinco Obispos de nuestra diócesis que, pese
a los muchos intentos, no conoció el Seminario
diocesano, es Fray Felipe González Abarca
(1829-1842), que sufrió en su regencia el período
más duro de la arremetida del gobierno contra la
Iglesia, y que por ello, le resultó imposible
acometer las gestiones necesarias para la fundación
de una entidad de tal calibre.
En 1849, cuando ya habían desaparecido las no
lejanas hostilidades, don Manuel Arias Teijeiro
(1848-1860), pone su atención en dos conventos
desamortizados y, por tanto, propiedad del gobierno
estatal: eran los del Soto Iruz y Monte Corbán
-fueron elegidos estos lugares a falta de buenos
edificios dentro de la ciudad-, que serían
destinados provisionalmente como Seminarios Menor y
Mayor, hasta la venida de los religiosos, sus
legítimos dueños. Al año siguiente, y después de la
consiguiente concesión estatal, el prelado se hace
cargo de aquel viejo monasterio de Santa Catalina
(fundado en 1407 por monjes Jerónimos, y del que,
muestra de su gran solera, salieron tres generales
de la Orden: como Fr. Pedro de Liaño (s. XVI), Fr.
Buenaventura de San Agustín (s. XVIII) y Fr. Antonio
de San Miguel (s. XVIII)). Cuatro siglos después de
su fundación fue desalojado por el gobierno en 1835,
y comienzan las reparaciones más urgentes, pues el
estado de ruina en que quedó, después de haberse
convertido en cuartel de las tropas inglesas durante
la guerra carlista, era lamentable. Mientras tanto,
durante los cursos 1850-52, un grupo de doce
seminaristas de la diócesis, a expensas del Obispo,
estudia en el Seminario de Burgos, dejando, según
las crónicas, muy grata impresión en aquella ciudad
metropolitana por muchos años. Algo que no es de
extrañar, pues algunos de ellos, posteriormente,
dejaron también un buen recuerdo en sus respectivas
diócesis, pero ya como obispos: como don José Tomás
de Mazarrasa y Riva, Obispo-Administrador de Ciudad
Rodrigo años después le sucedería en la misma sede
otro antiguo alumno de Corbán, don Manuel López
Arana-, y don Luis Felipe Ortiz y Gutiérrez, Obispo
de Zamora.
|
|
INAUGURACIÓN DEL SEMINARIO (1852)
(Volver) |
Noventa y ocho años después de la creación de
nuestra diócesis en 1754, el 15 de octubre de 1852,
festividad de Santa Teresa, se inauguró oficialmente
el Seminario Diocesano Conciliar de Santa Catalina
de Monte Corbán. Y es por ello, por lo que esta
santa ostenta actualmente el copatronazgo junto a
Santa Catalina.
Los alumnos matriculados fueron 51, algunos incluso
ya ordenados, pues por mandato del Obispo debían
asistir a las clases de Teología Moral. A partir de
aquel momento, no se concedieron órdenes a los que
no hubieran estado internos por lo menos un curso,
aunque hubieran terminado ya sus estudios en otro
lugar.
Como primer Rector del Seminario el Obispo, don
Manuel Arias, eligió a don José María García
González, antiguo beneficiado de Lloreda de Cayón,
Arcipreste de Muslera y Visitador General del
Obispado, y que dos años después tuvo que abandonar
el cargo por motivos de salud, muriendo al poco
tiempo. En septiembre de 1854 le sucedió don
Saturnino Fernández de Castro, sacerdote comillano
de tan sólo veintisiete años, pero que demostró
grandes cualidades al frente del rectorado, y que
con posterioridad sería nombrado Obispo de León
(1875) y luego Arzobispo de Burgos (1883).
Más ejemplos de los desvelos del Obispo, don Manuel
Arias, por el nuevo Seminario fueron el legado de su
biblioteca particular, unos 1700 libros,
provenientes en su mayor parte de la casa de los
Jesuitas expulsados, y que el gobierno le había
entregado. Además, de los muchos viajes que realizó
a pie o en carruaje hacia Corbán, pensó en la
posibilidad de una mejora en las tortuosas
comunicaciones con Santander. De ahí surge el
proyecto de la carretera Pronillo-Corbán (3.218 m.),
concluida en 1865, a expensas de la Diputación de
Santander y por encargo personal de Isabel II.

Un deseo real motivado por su visita al
Seminario y a la Virgen del Mar, que había promovido
particularmente el Rector don Saturnino Fernández de
Castro. Día para el recuerdo será siempre el 5 de
agosto de 1861, cuando todos los profesores y
alumnos recibieron emotivamente a la familia real,
que por entonces veraneaba en Santander. La jornada
consistió fundamentalmente en una velada literaria,
compuesta por varias composiciones poéticas,
dirigidas por algunos catedráticos y alumnos
aventajados, y una sentida dedicatoria del Rector
con el título "Movimiento de la Montaña en presencia
de la Real Familia". En aquel día brillaron por vez
primera tres seminaristas que destacarían
posteriormente por su papel en la Iglesia española,
como don José María de Cos y Macho (1838-1919),
futuro Cardenal Arzobispo de Valladolid; don Luis
Felipe Ortiz (1835-1914), Obispo de Coria, y
posteriormente de Zamora; y don Gaspar Fernández de
Zunzunegui (1836-1902), reconocido orador sagrado a
escala nacional.
La "verdadera pobreza" con la que se inauguró en su
día el Seminario fue subsanada con el tiempo con la
nueva llegada al obispado del prelado don Vicente
Calvo y Valero (1876), que inmediatamente después de
su toma de posesión puso manos a la obra en la
empresa de dignificar el Seminario de Santander.
Como nos dice don Jerónimo de la Hoz: "en la empresa
invirtió grandes caudales de trabajo, de cariño y de
dinero, y el Seminario quedó notablemente
transformado. Tribunas de ácana, puertas de caoba,
bancos y pupitres de cedro, mesas de mármol en el
refectorio, amplios e higiénicos dormitorios,
claustro de excelentes profesores, premios para los
alumnos más aventajados y un hermoso Gabinete de
Ciencias Físicas y Naturales que entonces
«aventajaba a todos los centros docentes de España»
y por muchos años ha seguido siendo el mejor de la
provincia". Cabe destacar, con respecto a este
Obispo, la creación en Roma, en 1883, de un gran
Colegio Eclesiástico para los más aventajados
seminaristas de Santander, que sirvió de ejemplo a
otras diócesis españolas. Y que andando el tiempo
(1893) se convertiría, en palabras de León XIII, en
"el grandioso proyecto de Colegio Pontificio Español
en Roma". No podemos olvidar que en 1888, durante el
pontificado de Sánchez de Castro, el Seminario
comenzó a regirse por unos Estatutos, que estuvieron
en vigencia hasta el fatídico 1936.
Los acontecimientos de los años posteriores no
fueron más que una progresiva mejora del edificio y
de la formación intelectual de los seminaristas, con
el continuo enriquecimiento del equipo docente. La
Guerra civil española de 1936 supondrá la primera
paralización en la historia de nuestro Seminario de
Monte Corbán.
|
|
GUERRA CIVIL Y RECONSTRUCCIÓN DEL SEMINARIO.LA
IMPRONTA DE DON JOSÉ EGUINO Y TRECU.
(Volver) |
Sin hacer menoscabo de la gran labor realizada en el
Seminario, desde su inauguración hace 150 años, por
tantos obispos como han pasado por la diócesis, no
podemos dejar de señalar la gran influencia ejercida
por don José Eguino y Trecu (1929-1961), que no en
vano estuvo dirigiendo nuestra Iglesia particular de
Santander durante 32 años, sobre todo, en los
momentos más complejos de su historia. La labor
realizada por este prelado en el Seminario fue
determinante y, por tanto, es necesario reseñarla
como una de las piedras fundamentales dentro de esta
síntesis histórica. Probablemente, algo que ha
podido favorecer lo anterior haya sido su casual
ordenación en la capilla de este Seminario el 31 de
marzo de 1906, a pesar de pertenecer a la diócesis
de Vitoria y haber estudiado su carrera eclesiástica
en Salamanca y Comillas.
A lo largo de todos los escritos de nuestro "obispo
bueno" podemos comprobar que su interés por el
Seminario se anteponía efectivamente a todos los
demás de la diócesis. Un sentimiento arraigado que
se demostró, mayormente, después de la Guerra Civil,
cuando el Seminario estaba completamente devastado,
sobre todo, a raíz de haber sido convertido en campo
de concentración durante el período bélico, y que,
en palabras del propio Obispo, no era "más que una
ruina que clama al cielo".
El 19 de abril de 1942 el Boletín Oficial
Eclesiástico de Santander recoge un estremecedor
discurso de aquel Obispo, que al grito de "SANTANDER
NO TIENE SEMINARIO", decía: "Es este un hecho que os
debe causar profunda inquietud. Triste es, en
verdad, no tener Catedral, ni parroquias, ni casa de
Acción Católica, ni Palacio episcopal, ni otras
cosas necesarias para el debido incremento de
nuestra vida cristiana; pero es muchísimo más triste
y de consecuencias incomparablemente más
deplorables, no tener Seminario. Para un pueblo
católico que conoce y ama su Religión, esta es la
más grande de las desventuras. Sin Seminario, no hay
sacerdotes. Sin sacerdotes, no hay Iglesia...".
En aquel momento, la falta de Seminario fue
subsanada con la ayuda de la Universidad
Pontificia
de Comillas y el Colegio-Quirós de Cóbreces, que
permitieron con su generosidad la no interrupción de
la carrera de tantos seminaristas (lugares y
personas que luego ejercerán una fuerte influencia
en el nuevo Seminario de Corbán. Así surge, por
ejemplo,
el tan comentado "comillismo", cuyas ideas,
costumbres y maneras perdurarán en la vida interna
del futuro centro, aunque la rivalidad entre los
seminaristas
de uno y otro lugar fuera evidente).
Sin embargo, las diferentes circunstancias de las
dos instituciones hacían insostenible la situación,
por lo que la necesidad de un Seminario diocesano se
hacía cada vez más urgente. Ante ese problema, don José Eguino
convocó a las "fuerzas vivas" de Santander en el
Ateneo, exponiendo con claridad la situación crítica
del momento y presentando el proyecto de
reconstrucción, que ascendía a cuatro millones de
pesetas. Un proyecto atrevido, y que el mismo
prelado era consciente de ello aludiendo a su
posible "inoportunidad", ya que Santander además de
haber sufrido duramente la Guerra Civil tuvo que
padecer poco tiempo después las penosas
consecuencias del devastador incendio de 1941.
Para dar buen fin a la empresa el Obispo nombró tres
comisiones: una de honor, otra ejecutiva, y la de
propaganda. Sus cometidos eran fundamentalmente dos,
que, al mismo tiempo, representarán el principal
caballo de batalla de don José Eguino y Trecu a lo
largo de todo su episcopado:
1º.- Recluta y sostenimiento de los seminaristas.
Encuadrado en la "Obra del Fomento de Vocaciones
Eclesiásticas".
2º.- Reconstrucción de Corbán.
Todo un proyecto que don José Eguino
consideraba "obra de todos", excluyendo tajantemente
cualquier tipo de interés particular: "el Seminario
Diocesano no es Obra de un interés particular, ni de
una persona, ni aun de vuestro Obispo. Es y habrá de
ser Obra de todos: de la diócesis entera, de los
Ayuntamientos, de las Empresas, de las
Colectividades y de los individuos, de cuantos, por
deciros católicos y ser hijos de la Iglesia y de
esta gloriosa Provincia, estamos obligados a mirar
como propios sus problemas, y a sentir como propias
sus necesidades y a promover corno propios sus
intereses".
|
|
Campaña pro-Seminario; crisis de vocaciones
(Volver) |
La campaña pro-Seminario, tan característica y
presentada con tanto apremio durante todo el
episcopado de Eguino y Trecu, tiene sus orígenes en
una Pastoral publicada en 1931, con el título
"Acerca del Seminario y los Seminaristas". Desde
entonces las estadísticas alarmantes acerca del
continuo descenso de sacerdotes y seminaristas
fueron la nota de tono de muchos de sus escritos.
En 1942 ofrecía una relación de datos que verificaba
ciertamente la crisis vocacional del momento, y que
entonces ya se tildaba de catastrófica. Oponía los
2.254 sacerdotes de la diócesis de Santander en el
siglo XVIII, entonces más amplia aunque menos
poblada, a los 445 del momento. Le seguía el número
de seminaristas, que si en 1930 ascendía a 189, en
1934 bajaba a 112, observándose por tanto una caída
de un 40 por 100 en cuatro años. Otro dato era la
relación entre sacerdotes fallecidos y ordenados,
mientras que los primeros cada año oscilaban entre
15 y 20, los segundos hacían lo mismo entre 1 y 10.
En aquel período la preocupación fundamental se
centraba en la falta de un sacerdote por cada
parroquia, y anunciaban que el porvenir era
francamente desolador, ya que 275 parroquias tenían
sacerdote propio, mientras que 109 carecían de él.
El único motivo de esperanza, la única "realidad
consoladora", lo constituía el Seminario
ya
reconstruido, que diez años después empezaría a dar
sus frutos y a cambiar
las
desalentadoras
estadísticas. El 22 de Junio de 1952 fueron
ordenados en la parroquia de Santa Lucía la mayoría
de los seminaristas de la primera promoción del
renacido Corbán, aquellos que habían comenzado en la
Universidad Pontificia de Comillas. Aquel año fueron
un total de 22 los nuevos sacerdotes, que en la
estadística
contrastaban gratamente con los 10
fallecidos.
|
|
Reconstrucción del seminario-sostenimiento de los seminaristas
(Volver) |
El día de la festividad de Santa Catalina de 1943 se
inauguró oficialmente el nuevo curso con todas las
reparaciones necesarias para dar marcha al Seminario
Menor. Acto familiar y a la vez público, la mañana
de la inauguración solemne del nuevo
Corbán tuvo la
programación tradicional de la festividad de nuestra
patrona -misa solemne cantada por la Schola, acto
académico y comida de fraternidad-, aunque lo
señalado de la ocasión se manifestaba por la casi
total presencia del clero diocesano, Capitular y
parroquias; Padres Provincial y Rector del Seminario
y Universidad Pontificia de Comillas; religiosos de
diversas comunidades de Santander; todas las
autoridades provinciales y locales; medios de
comunicación y personalidades varias, que
acompañaron al Obispo de la diócesis y al Rector,
don Epifanio Roiz.
Por la tarde, todas las autoridades y demás
asistentes, guiados por el propio prelado, "como
conocedor íntimo de todo y tan encariñado con su
obra", hicieron un recorrido por todo el Seminario
reconstruido: "la portalada montañesa de acceso al
atrio de la capilla; el nuevo coro, ventanales, y
nervaduras que se han hecho visibles, en ésta; la
capilla de Latinos; el claustro monacal remozado y
embellecido con vidrieras; los dos nuevos pabellones
por la parte del oeste, uno para uso de seminaristas
y profesores, con severo comedor en el bajo, salones
de estudio, clases y habitaciones con agua corriente
en los altos, y el otro, aislado, para cocinas,
lavaderos y demás; enfermería, habitaciones y
Oratorio de la benemérita Comunidad de Hijas de San
José, encargada de los servicios; la nueva
distribución, con una planta más de altura por la
parte ya de antes destinada a Latinos; la profusión
de servicios sanitarios por todas partes, y por fin,
la esbelta escalinata central decorada de nuevo y
techada con artística vidriera con las armas del
Prelado y el emblema del martirio de la Patrona
Santa Catalina, que se repite en diversos motivos
ornamentales, aquí y allá".
Sin embargo, muchas otras reformas quedaban por
hacer todavía para acondicionar totalmente el
edificio a su labor original. Aún así, los 117
seminaristas diocesanos ya tenían su lugar propio,
además de los correspondientes "idearios del centro"
y plan de estudios, donde forjar las virtudes y
hábitos de esos sacerdotes "santos, sabios y finos"
que quería el Obispo.
"Quiera Dios que todos estos anhelos, tengan
realización cumplida. Quisiera ser testigo de todo
ello; quisiera vivir, hasta ver el Seminario
completamente terminado, sin deudas ni estrecheces,
convertido en un nuevo Cenáculo, de donde salgan
sacerdotes sabios y santos, para que sean luz del
mundo y sal de la tierra. Entonces moriría contento,
con el cántico "Nunc dimitis" del viejo Simeón en
los labios".

Otra de las partes dentro de la reconstrucción y
mejora del Seminario fue la antigua
iglesia, que en
1963, ya muerto Don José Eguino, inauguró el Obispo
auxiliar Don Doroteo Fenández.
En cuanto al sostenimiento económico del Seminario
-becas, manutención, etc.- el "obispo bueno" no cesó
nunca de intentar poner remedio a
la apurada
situación, pidiendo a todos, sacerdotes y seglares,
su cooperación generosa, tanto en metálico como en
especie.
"El año pasado nos encontrábamos en análogas
circunstancias y bastó una carta que os escribí
rogándoos expusierais al pueblo nuestra apurada
situación, para que todos vuestros buenos feligreses
corrieran con talegas cargadas de patatas y
celemines rebosantes de maíz y alubias, a llenar el
zurrón y alforjas del pedigüeño de Corbán. Espero
que este año ha de ocurrir lo mismo".
De esta manera, consciente de sus continuas llamadas
y de lo gravoso que para él suponía, en una carta
dirigida a los párrocos, fechada en 1948, el mismo
Obispo se autoproclamó el "importuno de Corbán",
haciendo claras referencias al hombre del
Evangelio
que llamaba de madrugada a la puerta de su amigo
para que le diese el pan que aliviara el hambre del
huésped, que inesperadamente se había presentado en
su casa.
"Fuertes aldabadas se oirán pronto en las casas de
la Montaña. ¿Quién es el que está llamando a la
puerta? Os preguntarán. Respondedles que es el
importuno de Corbán. El importuno de Corbán que
confiado acude a sus amigos, pidiéndoles el óbolo
seminarístico de un puñado de alubias. Mientras
vosotros recogéis lo que generosamente os han de
dar, yo estaré pidiendo a Dios, se realice en ellos
aquella sentencia del Espíritu Santo: «Honra al
Señor con tu hacienda y tus trojes se hendirán de
hartura y tus lagares rebosarán de vino».
|
|
Colegio-Seminario Menor de San Luis
(Volver) |
Después de los esfuerzos habidos para la
reconstrucción del Seminario de Corbán, la alegría
de volver a tener un Seminario totalmente
acondicionado y espacioso se vio velada por la nueva
anexión a la diócesis de Santander de más de
doscientas parroquias, pertenecientes a las diócesis
de Oviedo, León, Palencia y Burgos, producida por
las adaptaciones entre provincias y diócesis
conforme al Concordato del Gobierno español con la
Santa Sede. El gran número de vocaciones existente
en estas regiones hacían que el renacido Seminario
se quedara pequeño, por lo que había que
retomar
otra vez al principio.
Eguino y Trecu planteó una doble posibilidad, por
una parte, agrandar el Seminario de Corbán, o bien,
construir uno nuevo con carácter de Seminario Menor.
Estando en esta encrucijada, el matrimonio formado
por don Luis Catalán Fernández y doña María Cabello
Sierra vinieron a aliviar la estrechez del momento,
poniendo a disposición de la diócesis una extensa
finca en Argomilla, en el Valle de Cayón, con el fin
de ser utilizada para el bien del Seminario.
En 1959, a petición de los donantes, se señaló el
día 26 de Julio, fiesta patronal de Santa Ana, para
la colocación de la primera piedra del Seminario.
Unos trabajos que, pese a lo avanzado de su
construcción, no vería culminados don José Eguino y
Trecu debido a su muerte.
En 1975, por razones pedagógicas y económicas, los
alumnos de este nuevo Colegio-Seminario volvían a su
sede de Corbán.
|
|
CAMBIO DE SEDES
(Volver) |
En 1964, el nuevo obispo don Vicente Puchol Montis
(1964-1967) dividió el Seminario en dos sedes, según
sus secciones de formación. De esta forma, la de
filosofía en "las caballerizas" del Palacio de la
Magdalena, y Teología permanecía en Monte Corbán.
Sin embargo, la prematura muerte accidental de este
Obispo no dejó cristalizar los grandes proyectos que
albergaba para el Seminario diocesano.
El Seminario de Corbán permaneció abierto hasta el
curso 1967-68. Siendo Obispo don José María Cirarda,
y una vez nombrado Administrador Apostólico de la
diócesis de Bilbao, se incorporó a la diócesis don
Rafael Torija de la Fuente como Obispo auxiliar. El
curso 1968-69 los seminaristas que cursaban Teología
fueron trasladados a Madrid, siendo matriculados en
la Universidad Pontificia Comillas. Mientras la
sección de Filosofía siguió en la residencia de la
Magdalena de Santander. Terminada la etapa de
Madrid, el pequeño grupo de seminaristas residió en
Oviedo, haciendo los estudios en este Seminario en
el curso 1972-73, hasta que se reabre el Seminario
de Corbán a iniciativa del Obispo don Juan Antonio
del Val el 15 de Octubre de 1977.
Cabe señalar que en el curso 1970-71 el Seminario de
Corbán se habilita como Colegio-Seminario hasta el
curso anterior a su reapertura (1977).
|
|
NUEVA APERTURA
(Volver) |
En 1977 "la vetusta casa solariega de Corbán" volvía
a abrir sus puertas después de un largo paréntesis
en que el centro permaneció cerrado por la gran
crisis de vocaciones existente y la dispersión de
los seminaristas en otras diócesis.
A partir de aquel momento, el Obispo de la diócesis,
don Juan Antonio del Val, nombró como Rector de la
casa a don Carlos Osoro Sierra, que ostentaría el
cargo hasta 1996 en que fue nombrado nuevo Obispo de
la diócesis de Orense. En 1979 llegó la comunidad de
religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos, que
desde entonces colaboran en el Seminario haciendo
presente el carisma en la formación de los futuros
sacerdotes. En el mes de marzo del año 1997, el
Obispo de la diócesis, don José Vilaplana Blasco,
responsabilizó de la tarea del Seminario al nuevo
Rector don José María Ruíz González.

En esa misma fecha, la Congregación de la Doctrina
Católica de Seminarios y Centros de estudios vino a
aceptar, a petición de la Universidad Pontificia de
Salamanca, y después de realizados todos los
trámites requeridos al Seminario, la filiación
académica con dicha Universidad.
|
|
|