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de Monte Corbán

 

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Carta Pastoral sobre el DÍA DEL SEMINARIO

Carta Pastoral sobre las Vocaciones Sacerdotales
EL EVANGELIO DE LA VOCACIÓN: "Venid y lo veréis" (Jn 1,39)


 

 

Saludo del Sr. Obispo

Gratitud, compromiso y esperanza
 

 

Es para mí motivo de alegría dirigir un saludo de Obispo y Pastor a toda la Diócesis y de manera especial a la gran familia del Seminario al inaugurar la página Web de nuestro Seminario de Monte Corbán, donde se han formado numerosas generaciones de sacerdotes. Doy gracias a Dios por el don del Seminario y por todos los obispos, superiores, profesores, personal de servicio, que a través del tiempo han gastado generosamente parte de sus vidas en la apasionante tarea de formar a los seminaristas.

 

El Seminario es ‘el corazón de la Diócesis’ y el presbiterio en gestación. Es un signo de esperanza de la que vive la Diócesis ante el futuro: si no hay seminaristas, no habrá sacerdotes, y nuestra Iglesia particular se verá privada de un elemento esencial: los presbíteros.
 

Si amamos a nuestra Diócesis, que peregrina en Cantabria y en el Valle de Mena, tenemos que apoyar a nuestro Seminario y comprometernos decididamente en la pastoral de las vocaciones al ministerio sacerdotal.
 

Nuestros seminaristas son una bendición y regalo de Dios, que acogemos con gozo. Los seminaristas no son una realidad virtual; son chicos, jóvenes y mayores de carne y hueso que, ‘tocados’ por el amor de Dios que los llama, le responden positivamente. Es verdad que son pocos, pero son los que en medio de las dificultades de un ambiente poco favorable siguen la llamada del Señor con el propósito de ser un día sacerdotes.
 

Desde esta página Web exhorto encarecidamente a todos los diocesanos, sacerdotes, miembros de vida consagrada, fieles laicos, a caminar desde la esperanza. “Ante la crisis de las vocaciones sacerdotales, la primera respuesta que la Iglesia da consiste en un acto de confianza en el Espíritu Santo. Estamos profundamente convencidos de que esta entrega confiada no será defraudada si, por nuestra parte, nos mantenemos fieles a la gracia recibida” (PDV 1).
 

El clima propio de la confianza es la oración. Es necesario orar con insistencia al “Dueño de la mies para que envíe obreros a su mies” (Mt 9, 38). Hay que animar y acompañar un amplio movimiento de oración en toda la diócesis: por los jóvenes para que el Señor abra los oídos de su corazón y escuchen su voz, y también orar con los jóvenes, para que como el joven Samuel escuchen la voz de Dios y no confundan las voces con los ecos, los ruidos con los sueños. Necesitan alguien que les enseñe a distinguir en el silencio la voz que pronuncia su nombre y les indique la respuesta: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam 3, 10).
 

Si “la falta de sacerdotes es ciertamente la tristeza de la Iglesia” (PDV 34), la respuesta vocacional de los jóvenes será nuestra alegría y nuestro gozo.
 

Quiero desde estas líneas de saludo expresar mi más sincera gratitud al nuevo equipo de superiores del Seminario: Rector, Formador y Director Espiritual que entre gozos y trabajos, esperanzas y afanes acompañan a los seminaristas en el crecimiento de la fe y en el discernimiento de su vocación hacia el sacerdocio. Mi agradecimiento se extiende también al Claustro de Profesores por la fidelidad a la obra encomendada; al personal de servicio por la labor sacrificada; a los equipos de las Delegaciones de Pastral Vocacional y de Juventud por las iniciativas que vienen realizando; a los sacerdotes del presbiterio diocesano por su interés y desvelos por las vocaciones sacerdotales; a los miembros de vida consagrada por el apoyo a la obra de las vocaciones desde la oración y el sacrificio; a las familias por la entrega de sus hijos para el servicio de Cristo y de la Iglesia; a todos los diocesanos por su oración y colaboración económica en favor del Seminario.
 

Mi felicitación sincera para vosotros, queridos seminaristas. Recibid también el apoyo y el calor de toda la Diócesis, porque sois valientes, remáis mar adentro contracorriente, y avanzáis por el camino de la entrega, del sacrificio, de la cruz y del amor, que os conduce a Cristo, el verdadero Camino, la Verdad y la Vida. Vuestra fuerza está en el Señor, que no os va a dejar solos, si le sois fieles como otros jóvenes que optan y apuestan por Cristo.
 

Que la Virgen María, Nuestra Señora La Bien Aparecida, Madre de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, sea espejo de vida y vocación. A Ella confiamos nuestro Seminario y la obra de las vocaciones sacerdotales, implorando también la intercesión de Santa Catalina de Alejandría, Patrona de nuestro Seminario de Monte Corbán.
 

Con mi afecto, agradecimiento y bendición,

 

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander