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Saludo del Sr. Obispo
Gratitud, compromiso y esperanza
Es para mí motivo de alegría dirigir un saludo de Obispo y
Pastor a toda la Diócesis y de manera especial a la gran familia
del Seminario al inaugurar la página Web de nuestro Seminario de
Monte Corbán, donde se han formado numerosas generaciones de
sacerdotes. Doy gracias a Dios por el don del Seminario y por
todos los obispos, superiores, profesores, personal de servicio,
que a través del tiempo han gastado generosamente parte de sus
vidas en la apasionante tarea de formar a los seminaristas.
El Seminario es ‘el corazón de la Diócesis’ y el presbiterio en
gestación. Es un signo de esperanza de la que vive la Diócesis
ante el futuro: si no hay seminaristas, no habrá sacerdotes, y
nuestra Iglesia particular se verá privada de un elemento
esencial: los presbíteros.
Si amamos a nuestra Diócesis, que peregrina en Cantabria y en el
Valle de Mena, tenemos que apoyar a nuestro Seminario y
comprometernos decididamente en la pastoral de las vocaciones al
ministerio sacerdotal.
Nuestros seminaristas son una bendición y regalo de Dios, que
acogemos con gozo. Los seminaristas no son una realidad virtual;
son chicos, jóvenes y mayores de carne y hueso que, ‘tocados’
por el amor de Dios que los llama, le responden positivamente.
Es verdad que son pocos, pero son los que en medio de las
dificultades de un ambiente poco favorable siguen la llamada del
Señor con el propósito de ser un día sacerdotes.
Desde esta página Web exhorto encarecidamente a todos los
diocesanos, sacerdotes, miembros de vida consagrada, fieles
laicos, a caminar desde la esperanza. “Ante la crisis de las
vocaciones sacerdotales, la primera respuesta que la Iglesia da
consiste en un acto de confianza en el Espíritu Santo. Estamos
profundamente convencidos de que esta entrega confiada no será
defraudada si, por nuestra parte, nos mantenemos fieles a la
gracia recibida” (PDV 1).
El clima propio de la confianza es la oración. Es necesario orar
con insistencia al “Dueño de la mies para que envíe obreros a su
mies” (Mt 9, 38). Hay que animar y acompañar un amplio
movimiento de oración en toda la diócesis: por los jóvenes para
que el Señor abra los oídos de su corazón y escuchen su voz, y
también orar con los jóvenes, para que como el joven Samuel
escuchen la voz de Dios y no confundan las voces con los ecos,
los ruidos con los sueños. Necesitan alguien que les enseñe a
distinguir en el silencio la voz que pronuncia su nombre y les
indique la respuesta: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam 3, 10).
Si “la falta de sacerdotes es ciertamente la tristeza de la
Iglesia” (PDV 34), la respuesta vocacional de los jóvenes será
nuestra alegría y nuestro gozo.
Quiero desde estas líneas de saludo expresar mi más sincera
gratitud al nuevo equipo de superiores del Seminario: Rector,
Formador y Director Espiritual que entre gozos y trabajos,
esperanzas y afanes acompañan a los seminaristas en el
crecimiento de la fe y en el discernimiento de su vocación hacia
el sacerdocio. Mi agradecimiento se extiende también al Claustro
de Profesores por la fidelidad a la obra encomendada; al
personal de servicio por la labor sacrificada; a los equipos de
las Delegaciones de Pastral Vocacional y de Juventud por las
iniciativas que vienen realizando; a los sacerdotes del
presbiterio diocesano por su interés y desvelos por las
vocaciones sacerdotales; a los miembros de vida consagrada por
el apoyo a la obra de las vocaciones desde la oración y el
sacrificio; a las familias por la entrega de sus hijos para el
servicio de Cristo y de la Iglesia; a todos los diocesanos por
su oración y colaboración económica en favor del Seminario.
Mi felicitación sincera para vosotros, queridos seminaristas.
Recibid también el apoyo y el calor de toda la Diócesis, porque
sois valientes, remáis mar adentro contracorriente, y avanzáis
por el camino de la entrega, del sacrificio, de la cruz y del
amor, que os conduce a Cristo, el verdadero Camino, la Verdad y
la Vida. Vuestra fuerza está en el Señor, que no os va a dejar
solos, si le sois fieles como otros jóvenes que optan y apuestan
por Cristo.
Que la Virgen María, Nuestra Señora La Bien Aparecida, Madre de
Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, sea espejo de vida y vocación. A
Ella confiamos nuestro Seminario y la obra de las vocaciones
sacerdotales, implorando también la intercesión de Santa
Catalina de Alejandría, Patrona de nuestro Seminario de Monte
Corbán.
Con mi afecto, agradecimiento y bendición,
+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander
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