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Joaquín Rodríguez-Parets
Seminarista de 3º curso
El viernes 29 de febrero de 2008, tras meses de preparación y
duro trabajo daban comienzo las Jornadas Diocesanas de Jóvenes,
después de dos años de barbecho. El seminario quiso estar
presente no sólo cediendo el espacio, sino participando como
jóvenes entre los jóvenes.

Tras la calurosa acogida que nos brindó la Parroquia de San
Román de la Llanilla cenamos todos juntos. Enseguida conocimos
gente nueva, risas e ilusión se respiraban por todo el "caserón"
del seminario.
Inmediatamente
después, para romper definitivamente el hielo y liberar las
energías que traíamos un divertido juego nocturno, con
fantasmas, verdugos y reinas y, sobre todo, mucha oscuridad nos
dejaron listos para ir a los sacos a descansar; no sin antes
tomar un Cola-Cao caliente y de tener un ratito de oración al
estilo de Taizé.
A la mañana siguiente, nuestro obispo, D. Vicente nos sorprendió
con su visita durante el desayuno. Nos saludó mesa por mesa y
todos pudimos intercambiar una sonrisa con nuestro Pastor. Acto
seguido presidió la oración que daba comienzo a la jornada.
La mañana estaba dedicada a "conectar" con nosotros mismos. Unas
dinámicas de conocimiento personal nos ayudaron a ahondar en
quienes somos en realidad. Varios seminaristas dirigieron
algunos grupos en las dinámicas. A mí, personalmente, me
sorprendió la apertura de los jóvenes y la cercanía con la que
podías tratar cada pregunta. Tras el trabajo compartimos la
comida que el equipo de logística nos preparó cada día con todo
el cariño y descansamos para retomar las actividades.
La
tarde se dedicó a "conectar" con los demás. Nos dividimos en
talleres para trabajar las distintas realidades: jóvenes
discapacitados, presos, inmigrantes, comunicación no violenta,
nuevas tecnologías, relaciones norte-sur, la vocación,
relaciones familiares y una representación a cargo del "Grupo
Oasis". El seminario corrió a cargo del taller vocacional y los
seminaristas presentamos nuestra opción de vida y tuvimos un
diálogo con los jóvenes.
Después de la cena compartimos la vigilia de oración, con
distintos gestos que nos "conectaron" con Dios.

La gran fiesta del sábado por la noche fue de lo más variopinta.
Desde la proyección de dos películas, un karaoke, una sala de
juegos de mesa, la capilla abierta y por supuesto una zona de
baile. Los jóvenes fuimos pasando por todos los espacios y
disfrutamos hasta bien entrada la noche.
Finalmente, en la mañana del domingo, después del desayuno
hicimos la reflexión y conclusión de las jornadas en grupos y
preparamos la gran Eucaristía de clausura.
Tras la misa, en la que participaron todos los grupos con gestos
y símbolos preparados por ellos, tuvimos la comida todos juntos
y la triste despedida.
Nos marchamos con el corazón caliente. Ver a otros jóvenes como
tú te da fuerzas para continuar. Fueron, verdaderamente, tres
días maravillosos.
Un saludo a todos los jóvenes que asistimos. Siempre estaremos
"CONECTADOS".
Galería Fotográfica
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