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Antonio Arribas Lastra
Seminarista - 1º de Filosofía
El día 24 de marzo, a las 8 de la mañana comenzó
la XXXVIII Peregrinación Diocesana a Nuestra Señora de Lourdes,
en este año Jubilar (1858-2008) en el que se cumplen los 150
años de las apariciones a Bernardita (11 de Febrero de 1858: la
1ª aparición en la gruta de Massabielle).
Llegamos a Lourdes y nos imbuimos en su ambiente
de oración, petición, alabanza, felicidad,… paz. Decididos a
ganar el Jubileo visitando los 4 lugares propuestos: la
parroquia en la que Sta. Bernadette fue bautizada; el hospicio
en el que recibió la 1ª comunión (la capilla); la casa en que
vivió la familia Soubirous, después de que el padre de
Bernardita perdiese el molino y la fama, un antiguo calabozo
(apenas 20m2 para 6 personas) en desuso, debido a que dentro de
este hubo un brote de peste; y la gruta en la que se apareció la
Santísima Virgen María pidiendo que se fuese en procesión, se
construyese un santuario, se rezase por la conversión de los
pecadores, yendo a beber y a lavarse en la fuente, y en el lugar
en el que se anuncio como la Inmaculada Concepción («Que soy era
Inmaculada Councepciou»).
La semana, pasada por agua, fue de todos modos
una semana de gracia en la que todos pudimos encontrarnos más de
cerca con el misterio de la Pascua, con Cristo Resucitado,
especialmente a los hospitalarios, camilleros y damas se nos
mostró en los enfermos, aunque también de manera especial a los
peregrinos que en lo que les era posible nos ayudaron.
A esta peregrinación acudimos 4 seminaristas
mayores: Abraham, Adrián, Antonio y Manuel Ángel. Ayudamos en
las celebraciones, pero sin descuidar la atención a los
enfermos.
Por las noches un grupo de hospitalarios hicimos
guardia, para que los enfermos estuviesen atendidos en todo
momento. Adrián y Antonio hicimos guardia el lunes y Abraham y
Manuel Ángel el martes.
Acompañados por nuestro obispo, D. Vicente, desde
el lunes al jueves, como pastor, guía y apoyo de todos los que
peregrinamos, siendo la 1ª vez que peregrinaba a Lourdes como
obispo, a los pies de la Madre, a la que pidió en la Sta. Misa
en la gruta que nos tuviese bajo su amparo y consolara a los
enfermos que tanto sufren corporal y espiritualmente. Con él
tuvimos dos encuentros (los enfermos y hospitalarios el lunes y
los peregrinos el martes) en los que nos acompaño con su
presencia y su amor paternal, el amor del Buen Pastor hacia las
ovejas del rebaño. El martes celebro acompañado de sacerdotes
que acompañaron a la peregrinación una Eucaristía muy emotiva en
la gruta. El miércoles se celebro la Misa Internacional donde
los seminaristas ayudamos en la celebración. El jueves celebro
la Eucaristía del compromiso, en la que 11 camilleros y damas
pasaron a ser hospitalarios numerarios, a los que se les entrego
la medalla de compromiso como señal de su ofrecimiento a Cristo
y a nuestros hermanos los enfermos a través de la Virgen Nuestra
Señora de Lourdes para con la Hospitalidad de Santander. Entre
estos, un seminarista, Adrián, realizo el compromiso. También
numerosos peregrinos recibieron la medalla del peregrino
(entregada, a los 5 años de peregrinar con la hospitalidad, a
los peregrinos)
En esta misma Eucaristía los que ya éramos
hospitalarios renovamos nuestro ofrecimiento y compromiso. Por
la tarde del jueves, D. Vicente se fue, después de realizar el
camino del Jubileo junto con los peregrinos.
El viernes, ya con pena, nos fuimos hacia
nuestros hogares, recordando las palabras del jueves de D.
Vicente, en la que nos dijo que debíamos (como toda la semana
llovió D. Vicente saco lo positivo de la lluvia dándola un
sentido de “mojarse”, de participar) “salpicar” siendo testigos
de lo que allí hemos vivido en todos los ámbitos de nuestra
vida: trabajo, familia, amigos,…
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