Seminario Diocesano

de Monte Corbán

 

Principal

Noticias

Historia

Seminario Mayor

Instituto Teológico

Actividades

Seminario Menor

Pastoral Vocacional

 

Recursos

Colaborar

Contacto

Enlaces

 

 

"El Señor está aquí
y te llama..."

¿Tienes preguntas? ¿No sabes a quién acudir?

¿Tienes miedo de que no te entiendan?

Aquí puedes escribir tus dudas de manera totalmente anónima y una persona del seminario te responderá. Las preguntas más interesantes serán publicadas (con permiso de su emisor).
 

Cartas recibidas
 

buzonvocacional@seminariodecorban.com

Nombre:  
E-mail:  
Comentario:  



 

Gervasio Portilla

 

Gervasio será, Dios mediante, este curso ordenado diácono permanente para nuestra diócesis. Lleno de ilusión porque el momento está ya cerca, nos hace llegar su testimonio.

La vocación para prepararme para servir al Señor a través del diaconado permanente, me vino después de una larga vinculación a mi Parroquia como catequista y también desde el convencimiento de que la mies es mucha y los obreros son pocos.

Es responsabilidad de cada uno de nosotros, dar una respuesta afirmativa a cada vocación; en mi caso tengo que deciros que tengo que dar gracias a mi familia, mi mujer y mi hija, que me ha facilitado mucho toda la preparación y vivencia personal de la fe y a la ayuda de muchos sacerdotes que desde diferentes ámbitos me han animado y ayudado mucho hasta llegar aquí.

En este sentido, digo con orgullo que el clero diocesano me ha acogido en todo momento con mucho cariño.

La oración y la fuerza del espíritu son fundamentales en este proceso, en el que puede haber estados coyunturales de cierto desanimo.

Considero también fundamental en esta experiencia el vivir comunitariamente la fe y ponerse en manos del Señor para que el.

La devoción a Maria Auxiliadora, a la que he acudido en momentos difíciles ha sido el mejor bálsamo en esas circunstancias en las que la noche parece ocultar lo fundamental.

En mi proceso, también tengo que destacar la confesión frecuente con sacerdotes de gran bondad y comprensión, a los que con libertad he expuesto mis dudas y problemas.

Aprovecho esta oportunidad para agradecer a tantas y tantas personas su cariño y afecto además de su continuo animo.

Gervasio.


Sara. 13 de diciembre de 2007

Hola, me llamo Sara y os voy a contar por qué soy monaguilla.

Me estaba preparando para hacer mi primera comunión y mi párroco me dijo: “cuando hagas la comunión me gustaría que me ayudaras en misa”.

 Pasó el tiempo y llegó ése momento. Para mí fue como sentirme alguien muy importante, al poder ayudar en misa. En todo ese tiempo que estuve ayudando en mi parroquia aprendía cada día algo nuevo.  Mi párroco me propuso un juego con la Biblia: un juego muy divertido y ¿os digo una cosa? La Biblia en mi casa estaba guardada junto a los demás libros, pero desde que hice ese juego descubrí las cosas tan bonitas que cuenta la Biblia, a diario y cada noche leo junto a mi madre un salmo o un evangelio.

 Ahora, si venís a mi casa, la Biblia ocupa el mejor sitio de mi salón. Así poco a poco cada vez mi párroco me enseñaba mas sobre Jesús y yo leía mas cosas sobre él, me interesaba más toda su vida y me sentía más unida a Él. Pero llegó algo que nunca había pensado que me pudiera pasar: Algún compañero del colegio empezó a reírse de mí porque ayudaba en las misas de la parroquia y lo pase tan mal que decidí dejar de ser monaguilla.

Mi párroco se enteró y me ayudó tanto que aquí sigo de monaguilla. Pero ¿sabéis qué fue lo que más me animó a seguir adelante? Cuando mi párroco me dijo: “Sara, cuando subes al altar a ayudarme no me estás ayudando a mi, estás ayudando a Jesús, no le falles a Él porque Él nunca te fallará a ti”. Y me siento súper afortunada pensando que estoy ayudando a Jesús. Le doy gracias a quien era mi párroco y me ayudó tanto: Juan Valero, a mis padres por educarme como cristiana y a Jesús por hacerme sentir todo su amor en mi corazón.

Así que a vosotros, los seminaristas, os doy las gracias por todo el esfuerzo que estáis haciendo, aprendiendo todo sobre Jesús para que cuando seáis párrocos nos ayudéis a vivir rodeados de su amor.

Un abrazo.
Sara.