|
 
¿Tienes preguntas?
¿No sabes a quién acudir?
¿Tienes miedo de que no te entiendan?
Aquí puedes escribir tus dudas de manera
totalmente anónima y una persona del seminario te responderá.
Las preguntas más interesantes serán publicadas (con permiso de
su emisor).
Cartas recibidas


Gervasio Portilla
Gervasio será, Dios
mediante, este curso ordenado diácono permanente para nuestra
diócesis. Lleno de ilusión porque el momento está ya cerca, nos
hace llegar su testimonio.
La vocación para prepararme para servir al
Señor a través del diaconado permanente, me vino después de una
larga vinculación a mi Parroquia como catequista y también desde
el convencimiento de que la mies es mucha y los obreros son
pocos.
Es responsabilidad de cada uno de nosotros, dar una respuesta
afirmativa a cada vocación; en mi caso tengo que deciros que
tengo que dar gracias a mi familia, mi mujer y mi hija, que me
ha facilitado mucho toda la preparación y vivencia personal de
la fe y a la ayuda de muchos sacerdotes que desde diferentes
ámbitos me han animado y ayudado mucho hasta llegar aquí.
En este sentido, digo con orgullo que el clero diocesano me ha
acogido en todo momento con mucho cariño.
La oración y la fuerza del espíritu son
fundamentales en este proceso, en el que puede haber estados
coyunturales de cierto desanimo.
Considero también fundamental en esta experiencia el vivir
comunitariamente la fe y ponerse en manos del Señor para que el.
La devoción a Maria Auxiliadora, a la que he acudido en momentos
difíciles ha sido el mejor bálsamo en esas circunstancias en las
que la noche parece ocultar lo fundamental.
En mi proceso, también tengo que destacar la
confesión frecuente con sacerdotes de gran bondad y comprensión,
a los que con libertad he expuesto mis dudas y problemas.
Aprovecho esta oportunidad para agradecer a tantas y tantas
personas su cariño y afecto además de su continuo animo.
Gervasio.
Sara. 13 de diciembre
de 2007
Hola, me llamo Sara y os voy a
contar por qué soy monaguilla.
Me estaba preparando para
hacer mi primera comunión y mi párroco me dijo: “cuando hagas la
comunión me gustaría que me ayudaras en misa”.
Pasó el tiempo y llegó ése
momento. Para mí fue como sentirme alguien muy importante, al
poder ayudar en misa. En todo ese tiempo que estuve ayudando en
mi parroquia aprendía cada día algo nuevo. Mi párroco me
propuso un juego con la Biblia: un juego muy divertido y ¿os
digo una cosa? La Biblia en mi casa estaba guardada junto a los
demás libros, pero desde que hice ese juego descubrí las cosas
tan bonitas que cuenta la Biblia, a diario y cada noche leo
junto a mi madre un salmo o un evangelio.
Ahora, si venís a mi casa, la
Biblia ocupa el mejor sitio de mi salón. Así poco a poco cada
vez mi párroco me enseñaba mas sobre Jesús y yo leía mas cosas
sobre él, me interesaba más toda su vida y me sentía más unida a
Él. Pero llegó algo que nunca había pensado que me pudiera
pasar: Algún compañero del colegio empezó a reírse de mí porque
ayudaba en las misas de la parroquia y lo pase tan mal que
decidí dejar de ser monaguilla.
Mi párroco se enteró y me
ayudó tanto que aquí sigo de monaguilla. Pero ¿sabéis qué fue lo
que más me animó a seguir adelante? Cuando mi párroco me dijo:
“Sara, cuando subes al altar a ayudarme no me estás ayudando a
mi, estás ayudando a Jesús, no le falles a Él porque Él nunca te
fallará a ti”. Y me siento súper afortunada pensando que estoy
ayudando a Jesús. Le doy gracias a quien era mi párroco y me
ayudó tanto: Juan Valero, a mis padres por educarme como
cristiana y a Jesús por hacerme sentir todo su amor en mi
corazón.
Así que a vosotros, los
seminaristas, os doy las gracias por todo el esfuerzo que estáis
haciendo, aprendiendo todo sobre Jesús para que cuando seáis
párrocos nos ayudéis a vivir rodeados de su amor.
Un abrazo.
Sara.
|