Secretariado diocesano de Pastoral
Vocacional


Oración especial por las vocaciones
Escuchamos:
(“Id
y anunciad”
Javi Dominguez)
Alzad vuestros ojos y contemplad los campos
que ya están blanquecinos para la siega.
Alzad vuestros ojos y contemplad al mundo
que ya está esperando una respuesta.
QUE EL MUNDO ESTÁ PREPARADO
Y ESPERA NUESTRA NOTICIA.
ID Y ANUNCIAD, ID Y ROGAD
AL DUEÑO DE LA MIES
QUE ENVÍE OBREROS A SU MIES.
Alzad vuestros ojos y contemplad al hombre
con el alma fría día tras día.
Alzad vuestras manos hacía el que todo lo
puede.
Él
es quien te envía. En él confía.
Escuchamos
la Palabra:
(Mt.
9,35-37).
"El Señor hizo milagros en mi favor"
El Señor me dio la vida, ¡qué poder!
El pronunció mi nombre antes de que
fuera engendrado y preparó mi
existencia porque me amaba.
“El Señor hizo milagros en mi favor”
El Señor me dio una familia, ¡qué
regalo!
Repitieron mi nombre con cariño,
con paciencia y esperanza, y me
hicieron crecer
porque me amaban.
“El Señor hizo milagros en mi
favor”
El Señor me dio una fe y comunidad
de hermanos. ¡Puro don! Me pusieron
nombre nuevo y escuché palabras
nuevas y ojos nuevos para ver la luz
que permanece, que transforma,
porque me amaban, nos amábamos.
“El Señor hizo milagros en mi favor”
|
El Señor me dio su Espíritu
en el regalo de su Hijo, ¡qué
generosidad!.
Me llenó de vida nueva,
anuncio de vida eterna por amor.
“El Señor hizo milagros en mi favor”
El Señor hizo milagros en mi favor: el
milagro de la vida y de la fe, el
milagro de la gracia y del Espíritu,
el milagro del amor.
“El Señor hizo milagros en mi favor”
Siempre que hay amor es un milagro,
siempre que hay amor, sonríe Dios.
Salir de sí y acercarse al otro, es
milagro.
Olvidarse a sí y dedicarse al otro, es
milagro.
Perdonar y no vengarse, es milagro.
Morir para que viva el otro, es milagro.
La Vida, la Palabra, el Espíritu, el
Amor,
siempre son milagros de Dios.
“El Señor hizo milagros en mi favor” |
Preces
Llenos de alegría y gozo por sentirnos llamados
a la gran misión de anunciar la Buena nueva a
todos los hombres, dirijamos al Padre nuestra
oración confiada.
· Por
el papa, los obispos, sacerdotes, religiosos y
religiosas, para que sean testigos vivos del
Evangelio de Jesucristo y lo anuncien con
valentía, inundados siempre de la fuerza del
Espíritu Santo, roguemos al Señor. Te
rogamos, óyenos..
· Por
toda la Iglesia que ha renacido de la fuente
bautismal, para que, renovada con los
sacramentos pascuales, acreciente cada vez su
generosidad y su amor hacia todos, roguemos al
Señor. Te rogamos, óyenos.
· Por
aquellos que sufren en el cuerpo y en el
espíritu. Por los pobres, enfermos, abandonados,
tristes, desvalidos. Para que encuentren en
Cristo la verdadera alegría en su vida, y
nosotros seamos capaces de ayudarlos con nuestra
disponibilidad, roguemos al Señor. Te
rogamos, óyenos.
· Por
nuestra comunidad, que se reúne hoy para esta
oración vocacional. Que el espíritu de
Pentecostés esté siempre vivo en nosotros y
lleguemos a ser todos una sola alma y un solo
corazón dirigidos hacia Dios, roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.
· Por
los jóvenes, para que surja en el corazón de
muchos el deseo de seguir el estilo de vida que
propone el evangelio a la Iglesia. , roguemos al
Señor. Te rogamos, óyenos.
Señor, Dios nuestro, en María encontraste a la
mujer perfecta, seguidora de Jesús y fiel a sí
misma: concédenos, como ella, poner todas
nuestras cualidades al servicio de la expansión
de tu Reino. Te lo pedimos a ti, que viven y
reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padrenuestro
Elevemos al Padre
eterno, sustento de toda vocación, la oración
que su hijo, Jesucristo, nos enseñó:
Padre nuestro…
Reflexión
y
oración final:
[Del mensaje de Benedicto XVI a los jóvenes
reunidos en Loreto]
“En lo más intimo del corazón de cada chico y
cada chica, que se asoma a la vida, cultiva el
sueño de un amor que dé un sentido pleno al
propio futuro. Para muchos esto se cumple en la
elección del matrimonio y en la formación de una
familia donde el amor entre un hombre y una
mujer sea vivido como un don recíproco y fiel,
como un don definitivo, sellado por el “sí”
pronunciado frente a Dios el día del matrimonio,
un “sí” para toda la existencia.
A quien confía en Dios nada es imposible. Esto
vale para quien está destinado a la vida
matrimonial, y más aún, para aquellos a quienes
Dios propone una vida de total desprendimiento
de los bienes de la tierra para estar a tiempo
lleno dedicado a su Reino. Entre vosotros hay
algunos que están encaminados hacia el
sacerdocio, hacia la vida consagrada; algunos
que aspiran ser misioneros, sabiendo cuantos y
cuales riesgos corren. Queridos jóvenes, si el
Señor os llama a vivir más íntimamente a su
servicio, responded generosamente. Estén
seguros: la vida dedicada a Dios no se gasta
nunca en vano."
TODOS:
Te pedimos que tu Espíritu Santo ilumine los
corazones y fortalezca las voluntades de muchos
para que acojan tu llamada de tal manera que
“busquen y hallen” dónde les quieres y les
sueñas. Bien sabemos que la cosecha es
abundante, y los operarios pocos. Envía, Señor,
operarios a tu mies.
Canto final:
¡Salve, Madre! En la tierra de mis amores...