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El Seminario 
 
Marzo 2010

Secretariado diocesano de Pastoral Vocacional

Oración especial por las vocaciones 

                           Escuchamos:  (Voces de Barro “Di una palabra”) (7)                         

  "Venid y lo veréis"                     Ayúdame a caminar,
                      
contigo iré sobre las olas de la mar.
                       Y cantaré quién eres tú.
                       Tú eres Jesús,
                       mi Dios, mi bien, mi libertad.

 

Escuchamos la Palabra: (Jn 1, 35-42).

 


 

 

 

Al Dios de la vida

Tú eres, Señor, un Dios de Vida,
un Dios de misericordia y bondad.
Reconocemos tu impulso creador
en el origen de todo lo que existe
y en el origen de nuestras vidas.
Y a lo largo de la historia y de nuestra historia, sigues impulsando todo aquello que hace a las personas vivir de forma más humana, más fraterna y más gozosa.
Por eso te damos gracias y te bendecimos. 

Tú nos has creado a tu imagen.
Nos sorprendemos al descubrirnos obra de tus manos, al descubrir en nosotros las semillas de tu ser de Padre, nos has hecho capaces de crear, transmitir y potenciar la vida;
de acompañar su crecimiento con paciencia y ternura, nos das un corazón misericordioso y compasivo y nos llamas a vivir un amor gratuito y comprometido como el tuyo.

Has puesto en nosotros algo de Ti que, a través de nuestras vidas, quieres hacer llegar a los demás: en medio de nuestro mundo, en la vida de nuestros hermanos y hermanas,
Tú nos envías a hacer presente tu amor entrañable, cercano y liberador.
Nos llamas a ser libres, compasivos,
solidarios, testigos de esperanza;
mujeres y hombres de Dios, mujeres y hombres  de Espíritu, que quieren seguir, muy de cerca, a Jesús.
Que viven la intimidad contigo,
que se nutren de tu amor,
que transparentan la vivencia gozosa
de tu presencia que nos anima. 

Nos pides que nuestra vida entera hable de Ti, en cada edad, tarea o situación que vivamos;
que digamos a la gente, con nuestra vida y actitudes que Tú les amas.
Tú nos has hecho colaboradores tuyos en esta tarea de hacer crecer la Vida, de construir tu Reino.
Que como María, la mujer que se dejó llenar por Ti para entregarte al mundo, permanezcamos siempre abiertos a tu amor y sepamos hacer de nuestra vida don para los demás.


Preces

Llenos de alegría y gozo por sentirnos llamados a la gran misión de anunciar la Buena nueva a todos los hombres, dirijamos al Padre nuestra oración confiada.

-   Por las comunidades cristianas, para que el Señor suscite en nuestros días hombres y mujeres capaces de arriesgar su vida por todos, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.

-  Por el Papa, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, para que actúen según la voluntad del Padre y sean fieles a Dios y a todos los hombres, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.

-   Por todos los jóvenes, para que estén dispuestos a arriesgar su vida en la construcción del Reino de Dios y emprendan el camino de su vocación con decida generosidad, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.

-   Por todas las familias, para que sepan crear un clima cristiano adecuado a las grandes decisiones de sus hijos, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.

-   Por nosotros, para que nuestro testimonio de vida anime a muchos a responder a la vocación sacerdotal a la que Dios llama, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.

Señor Jesús, que has querido llamar a hermanos para que, siguiéndote fielmente te hagas presente en ellos por medio de la vivencia gozosa de su vocación. Escucha la oración de tus humildes siervos, que hoy también te piden la gracia de ser tus testigos, a ejemplo de tu amor, en medio del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Padrenuestro

Elevemos al Padre eterno, sustento de toda vocación, la oración que su hijo, Jesucristo, nos enseñó: Padre nuestro…

Oración final:

Oh Jesús, Pastor de las almas, que llamaste a los apóstoles para hacerlos pescadores de hombres; atrae hacia ti a jóvenes, ardientes y generosos, para hacerlos tus seguidores.  Hazlos partícipes de tu redención universal. 

Tú, que siempre estás dispuesto a interceder por nosotros, descúbreles el inmenso campo de tu mies en donde tantos piden la luz de la verdad, el calor del amor. 

Haz que, respondiendo a tu llamada, prolonguen en la tierra tu misión y sean nuevos constructores de este reino que esperamos: de la gran familia que es la Iglesia. ¡Amén!

Canto final: Virgen sencilla y humilde