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Los Seminarios Mayores son necesarios para
la formación sacerdotal. Toda la educación de los alumnos en
ellos debe tender a que se formen verdaderos pastores de almas a
ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote y
Pastor, prepárense, por consiguiente, para el ministerio de la
palabra: que entiendan cada vez mejor la palabra revelada de
Dios, que la posean con la meditación y la expresen en su
lenguaje y sus costumbres; para el ministerio del culto y de la
santificación: que, orando y celebrando las funciones
litúrgicas, ejerzan la obra de salvación por medio del
Sacrificio Eucarístico y los sacramentos; para el ministerio
pastoral: que sepan representar delante de los hombres a Cristo,
que, 'no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida para
redención de muchos' (Mc 10,45; Cf. Jn 13,12-17), y que, hechos
siervos de todos, ganen a muchos (Cf. 1Cor 9,19). Por lo cual,
todos los aspectos de la formación, el espiritual, el
intelectual y el disciplinar, han de ordenarse conjuntamente a
esta acción pastoral, y para conseguirla han de esforzarse
diligentes y concordemente todos los superiores y profesores,
obedeciendo fielmente a la autoridad del Obispo.
(Optatam Totius n.4 – Concilio
Vaticano II)
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