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"En todo seminario ha de
haber un rector que esté al frente y, si lo pide el caso, un
vicerrector, un ecónomo y, si los alumnos estudian en el mismo
seminario, también profesores que enseñen las distintas materias
de modo coordinado."
"En todo seminario ha de
haber por lo menos un director espiritual, quedando sin embargo
libres los alumnos para acudir a otros sacerdotes que hayan sido
destinados por el Obispo para esta función."
(CIC can.239, 1-2)
Rector: Juan José
Valero Álvarez
Formador: Juan
Abad Zubelzu
Director
Espiritual: Francisco Palma Hernández
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Juan José Valero
Álvarez
Rector

El nuevo curso, 2007-8, que
recientemente hemos comenzado en el Seminario Monte Corbán, está
marcado, en este caso, por la novedad. Nuevo Obispo diocesano y,
como tal, primer responsable del seminario: D. Vicente Jiménez.
Nuevo rector, servicio éste que ha recaído en mi persona. Nuevo
formador y nuevo director espiritual, funciones asumidas por
Juan Abad y Francisco Palma. Es el nuevo equipo formativo, tal y
como lo ha considerado oportuno D. Vicente, para ser sus
colaboradores en la tarea educativa del seminario.
Al asumir este servicio, somos conscientes, en primer lugar, de
la rica herencia que se nos confía, por lo que ha venido a
significar el seminario en la vida diocesana a través de su
historia. Es en esta casa donde tantos sacerdotes han forjado su
personalidad espiritual e intelectual, en los años decisivos de
su formación.
De igual manera, somos conscientes de que nos encontramos en la
encrucijada de un tiempo nuevo, en el que se nos urge a avanzar
en la formación de nuevos pastores, capaces de hacer presente a
Jesucristo y anunciar su evangelio en la peculiaridad de un
nuevo milenio. Se nos confía, pues, la tarea de guiar en el
camino del crecimiento y madurez a unos jóvenes que se sienten
llamados al ministerio sacerdotal, ministerio de Buen Pastor.
Se trata, sin duda, de una tarea tan apasionante como compleja,
por cuanto tiene de atractivo y arduo sentirse instrumento en el
proceso de crecimiento de unas personas, de unas vidas que
pretenden realizarse desde un proyecto vocacional en clave de
fe.
Si es verdad que el futuro que están llamados a vivir como
nuevos pastores, en un mundo marcado por profundos cambios de
forma y fondo, se les presenta como verdadero reto en todos los
sentidos (fe, intelectual, humano…), no es menos cierto, por
ello, que es el mismo reto que ha de afrontar el seminario en
cuanto al modelo que ha de asumir, para poder ofrecer la
formación necesaria ante la nueva situación histórica.
El reto de un mundo posmoderno, tantas veces desafiante ante el
sentido de lo transcendente, reclama que el seminario sea un
espacio y tiempo para el aprendizaje y crecimiento como personas
estables y serenas, apasionadas en la experiencia de Dios, con
humilde y profunda claridad teológica, gozosas de su pertenencia
a la Iglesia desde el servicio de Pastor.
Un seminario así, con ese horizonte y deseo, necesita realizar
un camino hacia lo profundo en sus planteamientos y en su clima,
donde lejos de sucumbir a la tentación de lo urgente, de lo
superficial o de las propuestas fáciles, posibilite fundamentar
sólidamente la vida y vocación de unas personas que están
llamadas a gastar la vida en la tarea de Jesucristo y su Reino.
Con la mirada puesta en este fin, emprendemos la andadura de
este curso académico.
Hablamos de novedad y, con ello, expresamos el deseo de que la
novedad, como tal, signifique un impulso renovado y decidido en
el servicio que el seminario debe ofrecer a la Iglesia
Diocesana, desde su tarea de preparar nuevos pastores que animen
la fe de la comunidad y sea, a la vez, referente vocacional para
otros jóvenes. |
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Juan Abad Zubelzu
Formador

Iniciado un
nuevo Curso en nuestro Seminario diocesano, se me pide que
escriba unas líneas. Lo hago, utilizando una frase de San Pablo,
con temor y temblor
(1 Cor 2, 3) siendo consciente de mis limitaciones ante la nueva
situación que me toca afrontar en mi vida y la magnitud del
encargo recibido de manos de nuestro Obispo; pero, a la vez,
ilusionado al poder participar del seguimiento de Cristo con los
seminaristas, nuestros futuros presbíteros, y confiado en la
gracia de
Aquel que todo lo puede.
Nos dice Mateo
que
Jesús,
recorriendo todas las ciudades y aldeas, al ver
la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados
y abatidos, como ovejas que no tienen pastor
(Mt 9, 35-36) Nuestro mundo, nuestras ciudades y pueblos,
también sienten
sed del Dios vivo;
teniendo en cuenta las exigentes características del tiempo y
lugar en que vivimos, en un contexto social de rápida evolución,
plural, con grandes valores y fuertes incoherencias, intuyo que
las gentes tienen ganas de escuchar una Buena Noticia, original,
cargada de esperanza y compasión, de paz.
Cuentan que un
padre llevó a su hijo de cinco años a su despacho. Como el niño
no dejaba a su padre concentrase en el trabajo, éste recortó, a
modo de piezas de puzzle, una hoja que contenía el dibujo del
mundo, pensando que así se entretendría un buen rato. Pero su
sorpresa fue que el niño llegó de nuevo al despacho a los cinco
minutos con las piezas colocadas. “¿Cómo lo has hecho tan
rápido?” - preguntó el padre sorprendido -; tu no conoces el
mundo. “Mira papá, - contestó el niño -, yo no conozco los
países, pero sí conozco cómo es la persona. Por detrás del
dibujo del mundo había un dibujo de un hombre. He colocado las
piezas del hombre y así he conseguido reconstruir el dibujo del
mundo”.
Ayudar al ser
humano para encajar el sentido del mundo.
El misterio del hombre sólo se esclarece en el
misterio del Verbo encarnado
(G.S. 22) La persona de Jesús de Nazaret es atrayente, original;
su mensaje, novedad. El Evangelista Marcos nos recuerda que
Jesús enseñaba con autoridad, que su enseñanza
era nueva
(Mc 1, 27-28);
que la multitud lo escuchaba con agrado y que quedaba
sorprendida ante Él
(Mc 12, 17.37) En una sociedad como la nuestra en donde parece
que atrae lo nuevo y original, qué mejor propuesta que presentar
la siempre nueva Buena Noticia del misterio de Cristo.
Pero, ¿Quién
transmitirá este mensaje nuevo? Leemos en Jeremías:
Os daré pastores según mi corazón
(Jer 3, 15) Es agradable pensar que, a través de la historia, se
ha ido realizando esta profecía de Jeremías. Dios sigue dando
pastores para su pueblo. El mismo Jesús, al comienzo de su
ministerio, llama y reúne a sus discípulos para estar y
colaborar con Él.
El seminario,
desde esta perspectiva, se entiende como un itinerario de vida
donde se pretende revivir, la experiencia educativa que el Señor
dedicó a los Doce, con aquellos que ante este Jesús de Nazaret,
se han preguntado: ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Qué quieres
que haga por ti?
La llamada de
Jesús exige decisión y adhesión personal; seguimiento y
participación. Así el seminario se articula como una comunidad
eclesial, diocesana, humana y familiar que vive con gozo la
presencia, palabra y amor de Cristo resucitado, y en donde
formadores y seminaristas comparten un proyecto de vida en
común: Educarnos en ser pastores desde la adhesión íntima con el
Buen Pastor, desde una doble dimensión: Apertura al Padre y a
los hermanos.
Demos gracias
a Dios por los seminaristas de nuestro seminario y pidámosle, en
oración humilde, constante y confiada,
que envíe obreros a su mies
(Mt 9, 38); tarea en la que estamos todos invitados a colaborar,
desde Cristo para el mundo de hoy.
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Francisco
Palma Hernández
Director Espiritual

Este curso 2007-2008, el nuevo
Pastor de nuestra Iglesia de Santander, D. Vicente, ha formado
un nuevo equipo para dirigir nuestro Seminario. A mí, en
concreto, me ha dado el encargo de ser el director espiritual
Me siento sobrecogido ante tal
responsabilidad y le pido al Señor poder ser un instrumento en
sus manos para acertar a realizar esta tarea de ayudar a un
grupo de jóvenes, que se sienten llamados por Dios, a llegar a
la meta del sacerdocio.
En realidad, el único que dirige
bien nuestra vida es el propio Dios. Él sabe perfectamente cómo
estamos constituidos, nuestros valores y defectos. Por eso nos
quiere ayudar haciéndose cercano a través de personas hechas con
nuestra misma carne, que nos entiendan en nuestra lengua, que
compartan la vida con todos.
La dirección espiritual es un
regalo de Dios a su pueblo que camina hacia la meta del Reino.
Es para todos: Seglares, consagrados y sacerdotes.
En el proceso formativo del
Seminario cobra una significación especial a la hora de
acompañar a los seminaristas, ya que ellos, en el futuro,
tendrán que orientar espiritualmente a feligreses de las
parroquias que se acercarán en busca de consejo.
Creo que sólo puede dirigir quien,
a su vez, es también dirigido desde la humildad.
Le pido a Dios que ayude a los
seminaristas para que se dejen moldear por Él y puedan decir, en
expresión de San Pablo, aquello de no soy yo, es Cristo quien
vive en mí. Esto no supone una pérdida de la personalidad; todo
lo contrario, configurarnos con quien fue verdadero Hombre,
además de Dios; Jesús, que potencia todas nuestras posibilidades
de realización.
Que el curso que hemos comenzado
sea fructífero espiritualmente.
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