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Herman Bagara
3º de Teología
¿Quién
soy?
Me llamo Herman Bagara, estudiante seminarista. Acabado el
primer ciclo de filosofía en mi país, estoy cursando el tercero
de teología. Hace 29 años nací de una madre musulmana pobre y mi
padre modesto no practica su religión católica. Soy el único de
su unión. De ella tengo 5 hermanas y de él 2 hermanos y 1
hermana. Todos menores que yo.
Hasta los siete años de edad estuve con mi madre en Gbassa, un
pueblecito de Banikoara. Ella, analfabeta, guió mis primeros
pasos a aquella escuela de tres cursos con dos maestros… Luego
fue en Natitingou, una ciudad donde trabajaba mi padre militar.
Para mi padre tenía que ser yo el mejor alumno… y todo tipo de
presión era bueno para alcanzar su reto. Así pasé siete años sin
ver ni oír a mi madre, pasando de Natitingou a Bembéréké y caer
en Parakou después de una escala en Cotonou según el trabajo que
movía a mi padre.
En el instituto de Parakou siempre que comía me acordaba de las
palabras que mi madre me decía cada vez que comía en presencia
de un compañero u otro niño en casa: «…vacía tu estómago a la
mitad para llenar la mitad el de otro; Dios da siempre a comer
al que comparte…». Así me hice amigo de un chico de otro curso
que casi siempre veía, solo, apartado del instituto durante el
recreo. Algunos domingos iba con él a su iglesia protestante.
Dos años después dejó la ciudad por el campo… Seguí un momento
en su Iglesia e hice amistad con Anselmo, hoy pastor… A través
de él conocí a Mickael que por casualidad era del mismo barrio
que yo pero iba a otro instituto.
Mickael practica la religión católica con toda su familia; yo
acababa de pasar del ámbito musulmán, por mi madre, y del
protestantismo, al catolicismo. Los juegos en la parroquia, los
fines de semana a la mañana como a la tarde, me sacaban poco a
poco de mi timidez e hice muchos amigos. Algunos fines de
semana, después del partido de fútbol en la parroquia, iba a
casa siempre con unos amigos; alegría si papá no está en casa,
de lo contrario palizas y comida sin tranquilidad… En el primer caso cogía mi
plato e iba fuera de la casa, al lado, donde me esperan el
grupito de amigos…Al final hicimos del terreno junto a nuestra
casa un espacio de fútbol…Después del partido y al marchar mis
amigos, tenía que robar la comida para que mi padre no me
preguntara; y una vez tuve que buscar comida por la ventana de
mi propia cocina mientras mi padre veía la televisión en el
salón, se dio cuenta, y a las cuatro de la tarde me pasó la
factura; nunca olvidare este sábado; no sé hasta hoy que
sentimiento tuvieron los míos en oírme gritar mientras esperaban
que salga de casa con la pelota…
Quo vadis?
Me quejé a
Mickael y quedamos hablar al párroco portugués Hugo Ramírez un
sábado. Nos acogió solo con el tema de la selectividad de
Mickael para entrar al seminario el siguiente curso
1994-1995,estábamos al principio de febrero de 1994,hacia justo
un año que el Papa Juan Pablo II visitaba por segunda vez Benín
y le vi cuando vino hasta Parakou. A la vuelta, Mickael me
proponía pasar también la selectividad previsto para junio 1994.
«No se para que», le conteste porque ya me enfadé por no haber
hablado de mi preocupación al párroco, y luego le dije «has sido
egoísta» y no volví a contestarle hasta llegar a donde nos
separamos cada uno para su casa, pero le escuchaba. Todo el día
siguiente me daba vueltas al proyecto de entrar al seminario
mientras no sabía el sentido. El sábado siguiente fui a casa de
Mickael mientras habíamos quedado vernos en la parroquia, antes
de la hora. Mi primera pregunta fue «¿Por qué me dijiste que
Jesús puede solucionar mis preocupaciones más que cualquiera,
más que el cura?», me contestó: «no sé si te lo he dicho, pero
es cierto porque es Jesús quien le da al cura para que el pueda
ayudar a los demás…»; el sábado siguiente fuimos a hablar con el
cura.
Tenía que
empezar el catequismo desde entonces. Cuatro meses después, al
principio de junio 1994, el examen de la selectividad para
entrar al seminario menor. El cura no me quiso dejar pasarla,
porque es obligatorio un seguimiento del candidato durante dos
años…Al final me lo permitió imaginándose que iba a suspender.
Se desilusionó a los resultados. Por desgracia Mickael
suspendió; me dolió porque tiene que esperar el próximo año.
Nunca entrara al seminario. No di importancia al acontecimiento
durante las vacaciones. Al instituto aprobaba para el cuarto
curso. Mi padre tenía previsto llevarme a un instituto de
internados porque le trasladaban para trabajar en Cotonou y
quería ir solo. No dio importancia a mi proyecto.
El sábado uno de
Octubre le pedí a mi padre dinero para compras de material
escolar y otras cosas; le vi impotente a negármelo; él mismo lo
hacía. El domingo jugué al fútbol toda la tarde. El lunes hice
la maleta por la mañana y pase la tarde con Mickael. El día 4
por la mañana mi padre no quiso llevarme a la catedral donde
todos los seminaristas de la provincia cogen el autobús para los
distintos seminarios. Acudí a un primo que me llevo. Llegué a
las diez, una hora más tarde, y aún el autobús estaba. Allí, me
di cuenta que no estaba apuntado para el viaje. El vicario
general, un hombre fuerte y muy alto, el Padre Georges HOUNYEME,
llamó mi párroco al teléfono, y luego me dijo: «tu párroco me
acaba de contar tu caso; veo que de la selectividad has sacado
de media la secunda mejor nota…Iras y nos darás tu prueba…». De
pronto mi alegría se estorbó cuando al entrar en el bus no tenía
el billete ni dinero para pagarlo. Acudí al vicario general… mi
padre sabía que iba a volver a casa, pero no volví. Entramos al
seminario menor en Natitingou con una gran tormenta.
Después de un
retiro de tres días, empezamos las clases el lunes 9. Me
matricularon en el primer curso; tenía nivel del tercero. Me
quejé al rector. Me dijo «te hemos matriculado sin saber nada de
ti y ni siquiera tenemos informe sobre ti…encima por el latín y
las bases de la literatura francesas, tienes que empezar
así...». Lloré toda la semana. Quise volver en Parakou pero mi
padre aun no está. Me quedé. Lo curioso de esto es que me sentía
cada día más feliz…tal vez por los nuevos amigos que me
consolaron y que sigo teniendo hasta hoy…Allí en el seminario,
en 1995, el sábado 25 de marzo me bautizó y me dio la primera
comunión Don Ángelo Raúl LALEYE, diocesano ordenado sacerdote
por Juan Pablo II a su primera visita en Cotonou en 1989,
profesor mío de Inglés residente en el seminario; y el sábado 15
de abril hice la confirmación de manos de Don Marcel Honora
AGBOTON, por su primera vez desde que lo hizo obispo de Kandi el
mismo Papa el año anterior. Théodore SOUME, joven sacerdote,
entonces seminarista hizo oficio de padrino mío.
En octubre de
1999, venimos al seminario de Parakou para los 3 cursos de
bachiller. Después de estos se me reveló y hace camino la
oposición de mi padre, confirmándome en mi decisión. Luego me
acogí el seminario de propedéutica en Porto-Novo para un año de
espiritualidad con el gran retiro de San Ignacio. Aquí comprendí
que Cristo merece atención particular… Del 2003 a 2005 pase el
primer ciclo de filosofía en el segundo seminario mayor Mons.
Louis Parisot en Lokossa. El curso 2005-2006 estuve, como año
pastoral, en el centro de acogida de Parakou trabajando bajo
Roger WOROU, joven sacerdote cuya amistad me volvió en verdadera
fraternidad. Durante este curso decidí definitivamente dedicarme
al servicio de los demás dando mi total disponibilidad a la
familia humana a la imagen de Cristo, por haber visto cosas y
cosas…
Al final de
septiembre, preparándome para empezar el ciclo de teología en
Mons. Louis Parisot, Don Fidèle AGBACHI, Arzobispo de Parakou,
me llamó para mandarme reunir la documentación para cursar la
teología en Santander.
El día 20 de
Octubre me presenté a la embajada de España en Lagos, Nigeria
(en Benín solo tenemos un consulado de España que no puede
conceder un visado para estudiantes). Con todo, incluso la
documentación de atestación de Don Vilaplana obispo de
Santander. Registraron mi petición al Nº 2006004363. Me dieron
cita para dentro de un mes; y luego las citas se repitieron de
dos en dos semanas hasta denegarme el visado el día 11 de
diciembre, sin devolverme ni siquiera mi pasaporte. La razón era
que me faltaba el plan de estudio de teología que voy a cursar
en Santander: hacía falta esperar meses para decírmelo.
Reconstituye otra documentación…Volví en enero y se me daban
cita por mes. Mi viaje del 10 de febrero tenia motivo llevar la
carta de recomendación Prot.n.1211/2007 del Nuncio Apostólico
Don Michael August BLUME. No quisieron recibir la carta, solo
prometieron llamarme luego; el nuncio me recomendó esperar la
llamada. Al final de marzo Don Fidèle volvía de Roma. Le comente
mi desanimo y que aun no quiero seguir con este tema. Fui a
buscar mi pasaporte en Lagos. El día 4 de Abril, día de mi
cumpleaños, Don Fidèle me hizo llamar para otra documentación;
tal vez pasar por la embajada de Francia en Benín. Una semana
después me concedieron un visado de 2 meses para España. Aun no
tengo ganas de irme, cansado y avergonzado. Fui a pasar una
semana con mi madre. Tal vez Don Fidèle tuvo que interpelarme
para coger el avión lo más pronto; al despedirme me dijo: «no
pierdas de tu alegría y no olvides tu identidad» y me bendijo.
El día 2 de mayo entraba a la madrugada en el seminario de
Corbán…
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Antonio Arribas
2º de Filosofía
La vocación es un don de Dios, del que debemos de alegrarnos
y por el que tenemos que dar gracias. Todos somos llamados a
algo, a realizarnos de una forma diferente; pero llamados por
Dios, a sabiendas de nuestra libertad de respuesta, a “especiar”
nuestra vida de forma peculiar, pero caminando con Él, que es
Camino, guiándonos por Él, que es Verdad, y viviendo cada día
con la ilusión del primer día, ya que Él es Vida y nos la regaló
un día cuando nacimos y proyecto para nosotros algo grande, que
somos libres de aceptar o rechazar.
La historia de mi vocación podría resumirse así:
Nací el 21 de Junio de 1989, siendo el 2ª hijo de una familia
naciente que llegaría a ser de 6 miembros, en la que me crie
humana y espiritualmente. Me bautizaron el 27 de agosto del
mismo año. Mis padres me mandaban a Misa los domingos y me
enseñaron las oraciones junto con los catequistas, hasta que
hice la 1ª comunión. Tras esta seguí yendo a catequesis y a
Misa.
Teniendo 9 años y al hacer la 1ª comunión (estaba en 3º de
primaria) quería ser monaguillo. No fue posible porque la
plantilla de monaguillos era suficiente, pero seguí teniendo esa
ilusión, esas ganas de hacer algo, que ves que los demás hacen y
que te gustaría hacer también a ti; tenía a un hermano que era
monaguillo ya.
Cuando cambio el párroco, como suele ocurrir, me dio mucha pena;
pero cuando, teniendo 12 años, le pregunte si podía ser
monaguillo y me contesto que si, se me fue la pena, la verdad.
Empecé a ser monaguillo. Al principio no sabía nada, pero él me
ayudaba y me decía lo que tenía que hacer o llevarle, hasta me
compró un librito que era para monaguillos, que me gusto mucho,
pero más ilusión me hizo. Cuando llegaba la Semana Santa él me
explicaba por qué esto, por qué aquello y me empezó a gustar ser
monaguillo.
Al cabo de un año y medio, más o menos, me pregunto que si me
gustaría ir a un encuentro al que iban a ir bastantes chavales,
que como yo, eran monaguillos. Yo le dije que por qué no,
siempre he sido un “corretón”. Llegue, no conocía a nadie por el
momento y me dedique a explorar esa “casa” tan rara a la que me
había llevado mi párroco, Sergio. Tuvimos un encuentro muy
bonito, en el que jugamos, charlamos (a mí que se me da eso
bien, pues encantado de la vida),…
Más tarde me invito a más encuentros y a mí eso me gustaba,
estaba, como se podría decir “en mi salsa”, “como pez en el
agua”, agusto y contento. Ya conocía a la gente que solía ir, a
los organizadores y como que también eso ayudaba un poco, y
hacia que me sintiese bien, lleno por dentro porque lo que
sentía encajaba en aquel lugar, no me sentía un bicho raro. Mis
padres veían que eso me gustaba y no pusieron en aquel momento,
ni nunca han puesto, ningún impedimento para que fuese a esos
encuentros, que todavía hoy se siguen realizando los encuentros
y colonia Samuel. Estuvimos en Corbán, la Virgen del Mar,
Pechón,…
Un día pensé en entrar en el seminario para descubrir si mi
camino se orientaba hacia el sacerdocio, y en unas
confirmaciones en mi pueblo vino nuestro anterior obispo, D.
José, y le pregunte, animado por Emilio (yo estaba en ese
momento muy nervioso y no sabía si preguntárselo), si tenía la
intención de abrir el seminario menor. El me contesto que si se
llegaba a un cierto número, que no tendría inconveniente.
Iba a empezar 3º de la E.S.O. y no había vuelto a tener
noticia sobre si se iba a abrir o no el seminario menor, hasta
que un día me vino a visitar Sergio a casa, y me dijo que quería
decirnos algo a mí y a mis padres. Me pregunto que si me
gustaría, y si mis padres lo permitían, ir al seminario un fin
de semana al mes, a un proyecto llamado seminario menor en
familia. Ya os imaginareis: mire a mis padres con la cara típica
del “¿puedo ir?”; mi madre me miro sonriendose y entonces dije
que sí.
Cuando empezó, que fue por octubre prepare la maleta, me
despedí de mi familia y me vine para Corbán con Sergio. Él me
dejo, y allí estaba Juan Carlos, que había estado organizando
junto con Paqui y otros colaboradores, entre ellos mi párroco,
los encuentros vocacionales del proyecto Samuel, y me lo pase
“pipa”. Solo éramos tres, pero daba igual. Pronto empezó a
crecer el número.
Al terminar, me sentí triste, ya que en verano solo teníamos
la colonia y a mí me parecía insuficiente. Pero antes de empezar
el curso me llamo Juan Carlos y me pregunto que si me gustaría
entrar en el seminario menor interno dentro de la comunidad del
mayor, y yo antes de que terminara de pedírmelo ya le estaba
diciendo que si.
Empecé 4º de la E.S.O. en Salesianos de Santander, donde he
estado estudiando hasta terminar el Bachillerato, de quienes
guardo un grato recuerdo. La convivencia fue difícil, la verdad,
aunque yo ya conocía a muchos que habían estado en el seminario
menor en familia. También entro otro de mi pueblo, el que me
animaba a mí, Emilio, se animo a entrar. También me costaba
volver los fines de semana (solo veía a mi familia los fines de
semana), hasta mis amigos a veces me decían que lo dejara, que
viviera la vida, pero no me pareció un buen argumento. Yo me
encontraba lleno en el seminario y esa sensación difícilmente se
podía cambiar.
Mis amigos, en adelante me apoyaron aunque a veces me
preguntaban que era aquello que yo veía que me hacia tan feliz y
me daba fuerzas para seguir. Yo ahora pienso, que si el Señor no
me quisiera de verdad y me ayudara, no estaría aquí.
En este primer año de seminario, mi madre me contaba cosas,
que anécdotas o no, me removían, que me hacían preguntarme: un
día me dijo que al nacer, naci mirando para arriba y con dos
coronillas, y la matrona aseguro a mi madre que iba a ser cura,
fijo. Además, un día haciendo limpieza, encontré un dibujo que
había hecho cuando tenía tres años, la verdad es que no
recordaba haberle visto nunca. La profesora, Eva, que me dio
parvulitos nos mandaba dibujar los lunes lo que el fin de semana
habíamos hecho. El caso es que en este dibujo aparece el bloque
de pisos en el que vivo y en el cielo una cara sonriente; y la
profesora que nos preguntaba y apuntaba que habíamos dibujado en
este caso puso “este es Dios”.
En este primer año fui a Roma y a Alemania en verano. A ver
al Papa Benedicto XVI, elegido ese mismo año, a la XX Jornada
Mundial de Jóvenes, en Köln.
Tras ir a estos viajes, paso el verano fugazmente y sin darme
cuenta tenía que volver. La verdad es que fui con ilusión
renovada, aunque unas semanas más de vacaciones no me abrían
importado. Mis padres, como mi hermano empezaba la universidad,
vinieron a vivir a Santander y yo empecé a quedarme a comer en
casa, después de salir de Salesianos, con lo que se me hacía más
llevadera mi estancia en el seminario.
Así paso otro año sin ninguna otra cosa que resaltar. Yo
sentía que me perdía cosas, al no estar dentro del ambiente del
seminario mayor durante todo el día, no ir a sus clases, etc.
Solo estaba después de comer, como todo el tiempo que estuve
estudiando en Salesianos. Deseaba terminar los estudios en
Salesianos para empezar a prepararme para ser el día de mañana,
y si Dios quiere, un buen sacerdote que conozca las necesidades
de su rebaño y sepa comprenderle y darle un brazo en el que
apoyarse, unos oídos atentos a la escucha y un corazón dispuesto
a la comprensión y el perdón.
Después de lo que os he contado, para no enrollarme mucho,
vuelvo al ahora, al presente. Puedo decir en este momento, con
más experiencia quizá y más convencido, que me encuentro bien y
contento, ya en el seminario mayor, estudiando lo que a mí me
gusta y lo que me llevara al fin al que quiero llegar, si Dios
quiere. Se podría decir que la convivencia en comunidad es
difícil, tienes tus más y tus menos con todos, siempre es más
difícil convivir y relacionarte y tratar a los demás, si ya es
difícil convivir con tus hermanos sanguíneos, imagínate con los
que no lo son. También diré, que no es fácil el camino, que hay
que ir contracorriente, que los demás hay veces que te ven como
un bicho raro, y se confunden. El Señor, te va probando,
necesita a gente que le siga y que se comprometa en su
ministerio, aunque sin él no sería posible, el te ayuda siempre,
aunque a veces no le oigas porque tienes sordera o no le veas
porque estés ciego. El hombre por naturaleza es pecador, debe
reconocer su pecado y ser perdonado, por el sacerdote, ministro
de Cristo a lo que el seminarista se prepara: para ser testigo
en su mundo: estando en el mundo, pero sin ser del mundo.
Quizá este testimonio te anime a dar el paso, a decir un “si”
confiado como María.
El último sacerdote ordenado en nuestra diócesis decía que en
realidad no hay falta de vocaciones, sino de respuestas. También
otro sacerdote comentaba que la verdad es que en su vocación
tuvo mucho que decir su párroco, que fue el que le animo.
Verdaderamente, la tarea de encontrar vocaciones y ayudar a el
joven llamado a que poco a poco de su respuesta firme y sincera
es tarea tanto del sacerdote como de los laicos, y especialmente
los padres.
Te animo a que des el paso, que no des una negativa al Señor,
pero si se la das debes saber que el Señor esperara hasta que
realmente quieras dar el paso, no te exigirá un “ahora y no más
tarde”, sino un “cuando quieras, estés dispuesto y preparado”.
El Señor confía en ti, te quiere y por eso te ha llamado.
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